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Articulos ecónomicos

El precio del petróleo en 2009

El precio del petróleo en 2009

Resumen de un texto de Michael T. Klare (25/01/2009)

 Michael T. Klare es Profesor “Five College” de Estudios sobre Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College de Amherst, Massachusetts.  Su libro más reciente es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Oil.  Anteriormente, había publicado Blood and Oil.

 Sólo ayer nos quejábamos del elevado precio del petróleo. El 7 de julio de 2008, el Wall Street Journal publicaba: “El rápido ascenso del petróleo desata rumores sobre el barril a 200 dólares para este año”. Hoy, con un precio rondando los 40 u$s el barril, el petróleo vale menos de un tercio de lo que costaba en julio, y algunos predicen que llegará a los 25 u$s por barril durante 2009.

 Precios tan bajos, con su equivalente en las estaciones de servicio, serán bien vistos por muchos consumidores norteamericanos duramente golpeados; pero traerán graves penurias económicas en países productores, como Nigeria, Rusia, Irán, Kuwait y Venezuela, que dependen de las exportaciones de energía para sus ingresos nacionales. Algunos de ellos son considerados hostiles por el gobierno norteamericano (Venezuela, Irán, y hasta ese gigante del petróleo y el gas natural que es Rusia), y han utilizado sus ingresos petrolíferos para financiar esfuerzos políticos perjudiciales para los intereses norteamericanos. Pero los precios menguantes también podrían sacudir los cimientos de aliados petrolíferos como México, Nigeria y Arabia Saudita, aparejando perturbaciones internas conforme decrezcan los ingresos por el petróleo, y por tanto los gastos del Estado.

 Cualesquiera sean los tiempos, buenos o malos, el petróleo seguirá suministrando la mayor parte de la provisión mundial de energía. Aunque se confía en que los biocombustibles y otras fuentes energéticas renovables desempeñen un papel cada vez mayor en la ecuación energética global, el petróleo seguirá siendo la fuente de energía número uno al menos durante varias de las próximas décadas.

 Otra consecuencia muy importante es que el menguado precio del petróleo desanima a la inversión en iniciativas petrolíferas complejas, como la prospección marítima en aguas profundas, y también la inversión en el desarrollo de alternativas al petróleo como biocombustibles avanzados. En un momento de petróleo barato, es probable además que disminuya la inversión en alternativas no contaminantes y que no alteran el clima, como la energía solar, eólica y maremotriz.  A largo plazo, lo que esto significa es que, una vez comience la recuperación económica global, podemos esperar una nueva sacudida alcista en los precios del petróleo, mientras las futuras opciones energéticas se encontrarán dolorosamente limitadas.

 No hay modo de escapar de la influencia del petróleo, pero es difícil saber qué formas adoptará esta influencia en el curso del año. Sin embargo, van aquí tres observaciones sobre el destino del crudo –y por tanto, sobre el nuestro- en el año que hemos comenzado.

 1. El precio del petróleo ha caído abruptamente, porque, en los últimos cuatro meses de 2008, la demanda se ha desplomado debido a la aparición de una pasmosa recesión global. No es probable que se acerque a los precios excepcionales de principios y mediados de 2008 hasta que la demanda se reponga y se frene la oferta global de petróleo. Nadie puede predecir hoy cuándo sucederá esto.

 La contracción de la demanda internacional ha sido contundente. Después de ascender durante buena parte del pasado verano boreal, la demanda se desplomó a principios del otoño, ocasionando un descenso neto en 2008 de 50.000 barriles diarios. La previsión del Departamento de Energía (DOE) para este año pronostica una caída de la demanda de 450.000 barriles diarios,  “la primera vez en que el consumo mundial descendería por dos años consecutivos”.

 Este descenso ha sido inesperado. En la convicción de  que la demanda internacional seguiría creciendo, -como había ocurrido casi todos los años desde la gran última recesión de 1980- la industria petrolífera global fue ampliando su capacidad de producción y se preparaba para más en 2009 y posteriormente. Por ejemplo, Arabia Saudita había indicado en junio pasado que incrementaría gradualmente su capacidad hasta alcanzar dos millones y medio de barriles suplementarios al día.

Hoy la industria se ve lastrada por una producción excesiva y una demanda insuficiente, una combinación infalible para la caída en picada de los precios. Ni siquiera la decisión del 17 de diciembre por parte de los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de reducir su producción colectiva en 2,2 millones de barriles diarios, ha conseguido un aumento significativo de los precios del petróleo.

 Según la mayoría de los analistas, el desequilibrio entre demanda y oferta durará hasta mediados de 2009, si no es hasta finales de año. Hay otros que sospechan que no se producirá una verdadera recuperación global hasta 2010 o más tarde. Todo depende de lo profunda o prolongada que esperemos sea la recesión.

 Se considera un factor crucial la capacidad de China para absorber petróleo. Entre 2002 y 2007, este país contabilizó el 35% del aumento total del consumo de petróleo mundial. El ascenso de la competencia china, combinado con una gran demanda en las naciones industrializadas más antiguas, y una significativa especulación en los precios futuros del petróleo, explicaban en buena medida la forma astronómica en que subieron los precios hasta el verano boreal pasado. Pero con la economía china declinante a ojos vista, esas proyecciones ya no parecen válidas. En estas condiciones, un pronto giro en los precios parece cada vez menos probable.

 

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El precio del petróleo en 2009 (2º parte)

 2. Cuando suban los precios de nuevo, lo harán bruscamente. En la actualidad, el mundo vive una situación poco común de excedente en la producción petrolífera. Pero mientras los precios sigan siendo bajos, las empresas petrolíferas no tendrán incentivos para invertir en costosos proyectos de nueva producción, lo que significa que no se añadirá nueva capacidad a las reservas globales existentes, mientras se continuará extrayendo la capacidad disponible. De esta manera, cuando la demanda comience de nueva a incrementarse, lo probable es que la producción total resulte insuficiente.

Se están multiplicando con rapidez las señales de contracción en las inversiones para producción de petróleo. Arabia Saudita, por ejemplo, ha anunciado demoras en cuatro proyectos energéticos de envergadura, en lo que parece ser una amplia retractación de su promesa de aumentar la producción en el futuro.

 Por ende, la mayoría de las reservas de “petróleo fácil” ya se han agotado, lo que significa que prácticamente todas las reservas globales que quedan pertenecen a la variedad de “petróleo difícil”. Éstas requieren una tecnología de extracción excesivamente costosa como para ser rentable en un momento en el que el precio por barril sigue estando por debajo de los 50 dólares. Entre las principales se cuentan la explotación de arenas bituminosas en Canadá y las plataformas marinas en aguas profundas del Golfo de México, el Golfo de Guinea y la costa brasileña. Si bien esas reservas potenciales albergan suministros importantes de crudo, no producirán beneficios hasta que el precio del petróleo alcance los 80 dólares o más por barril, casi el doble del precio al que se vende hoy. En estas circunstancias, poco puede sorprender que las principales compañías cancelen o pospongan planes de nuevos proyectos en Canadá y en ubicaciones marinas.

 Con la industria recortando sus inversiones, habrá menos capacidad de satisfacer la demanda en ascenso cuando la economía mundial repunte. En ese momento podemos esperar que la situación cambie con una rapidez previsiblemente alarmante, a medida que la creciente demanda se encuentre de pronto siguiendo a una oferta insuficiente en un mundo con déficit energético.

 No podemos saber cuándo sucederá esto ni hasta dónde se elevarán los precios del petróleo, pero debiera esperarse una sacudida energética en alza no menos abrupta que la actual recesión global y el desplome de los precios energéticos. El DOE, en sus previsiones más recientes, predice que el petróleo llegará a una media de 78 dólares por barril en 2010, 110 dólares en 2015 y 116 en 2020; Pero otros analistas sugieren que los precios podrían elevarse mucho más rápidamente, sobre todo si la demanda se reanima con presteza y las compañías petrolíferas actúan con lentitud para reiniciar proyectos que ahora quedan a la espera.

 3. Los bajos precios del petróleo, como los altos, tendrán importantes consecuencias políticas en todo el mundo. El ascenso regular de los precios del petróleo entre 2003 y 2008 fue resultado de un brusco aumento de la demanda global, así como de la impresión de que la industria energética internacional estaba teniendo dificultades para introducir nuevas fuentes de suministro. Muchos analistas consideraban inminente la llegada del “pico del petróleo“, el momento en el que la producción global comenzaría un declive irreversible. Todo ello fomentó frenéticos esfuerzos por parte de las naciones de mayor consumo para asegurarse el control de cuantas fuentes extranjeras de petróleo pudieran lograr, y así, empresas norteamericanas, europeas y chinas se lanzaron a engullir concesiones petrolíferas en África y la cuenca del Mar Caspio.

 Con la caída en picada de los precios del petróleo y una sensación creciente (por temporaria que sea) de abundancia petrolífera, esta competencia ha perdido intensidad, lo cual no significa, empero, que los precios del petróleo dejen de tener repercusiones en la política global, sobre todo con la aparición de condiciones políticas negativas en las naciones productoras.

 Muchas de estas naciones, entre otras Angola, Irán, Irak, México, Nigeria,  Rusia, Arabia Saudita y Venezuela, dependen de los ingresos del petróleo para el gasto estatal, y emplean este dinero para financiar la salud y la educación, la mejora de infraestructuras, los subsidios alimentarios y energéticos y los programas de bienestar social. A medida que los precios vuelven a caer, los gobiernos se ven ya forzados a recortar los programas de ayuda a los pobres, la clase media y los desempleados, lo que está ya provocando olas de inestabilidad en muchas partes del mundo.

 El presupuesto estatal de Rusia sólo se equilibra cuando los precios del petróleo se mantienen en 70 dólares o más por barril. Con los ingresos del gobierno menguando, éste se ha visto obligado a echar mano de las reservas acumuladas y sostener a las compañías que se hundían, así como a un rublo que se venía abajo. La nación considerada como potencia energética se está quedando rápidamente sin fondos.

 El descenso de los precios del petróleo ha resultado especialmente dañino para el gigante del gas natural Gazprom, la mayor empresa de Rusia, fuente (en los buenos tiempos) de aproximadamente un cuarto de los ingresos tributarios gubernamentales. El pasado verano su valor de mercado se estimaba en 360.000 millones de dólares; hoy es de 85.000 millones.

 En el contexto de un planeta atrapado en un terrible declive económico, es fácil imaginar otras tormentosas perspectivas energéticas que impliquen a países clave en la producción de petróleo. No se puede prever cuándo y dónde surgirán, pero lo que es probable es que esos estallidos hagan mucho más difícil cualquier era futura de precios energéticos en ascenso. Y, desde luego, los precios volverán a subir, quizás pronto, un año de éstos, con rapidez y batiendo nuevas marcas. En ese momento nos enfrentaremos al mismo problema que arrostramos en el segundo y tercer trimestre del 2008, cuando una aguda demanda y una oferta insuficiente propulsaron los precios del petróleo a las nubes. Entretanto, es importante recordar que, aún con precios tan bajos como los actuales, no podemos huir de las consecuencias de la primacía energética del petróleo.

 

 

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